He decidido reseñar este cuento, ya que es perfecto para que
los niños aprendan a identificar las emociones propias y ajenas, y a
respetarlas y convivir con ellas. Como persona que ha crecido en un hogar con
solo un adulto, he podido sentirme identificada con las ilustraciones de este
cuento, y considero muy importante que los niños entiendan que sus papás
también tienen sus propias emociones y debemos respetarlas.
Como formato se trata de un álbum ilustrado narrativo, que cuenta
con ilustraciones que nos facilitan la comprensión de lo que intenta transmitir
el texto. Se trata de una narrativa de autor, realista, y una variante que
podríamos catalogar en psicológica al tratarse del tema de las emociones.
En este caso no nos encontramos con una estructura típica
lineal (introducción, nudo y desenlace) ya que no existe ningún nudo, es un
listado de emociones.
Como futura docente llevaré este cuento a mi aula para trabajar las emociones, ya que siempre nos centramos en las propias, y deben entender que al vivir en sociedad también son importantes las ajenas.


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